25/07/2008 - 19 usuarios online


Noticias de guión

Roberto Santiago: “La sensación de que te han destrozado un guión es inherente al propio trabajo de guionista”

Santiago
Santiago

Conversamos delante de sendos vasos de agua. Roberto Santiago ha llevado al cine, de nuevo el deporte nacional, el fútbol, y a Fernando Tejero, el actor de moda, en “El penalti más largo del mundo”. Ingredientes suficientes para triunfar en cartelera (4,5 millones de euros recaudados en 5 semanas. Santiago ha hecho de todo, y por todo ha recibido premios. Un corto seleccionado para Cannes (“Ruleta”, 1999), obras de teatro (“Share 38”, 2000), televisión, publicidad, videoclips, más cine (“Hombres felices”, guionista y director en 2001; “El juego de la verdad”, guionista, 2004). Me dice que llegar arriba es cuestión de suerte y preparación. Después de una hora cara a cara, me ha convencido. Este chico, sabe lo que hace.

La cinta habla de fútbol y...

Es una película de barrio, un barrio humilde, Carabanchel (Madrid), donde ser un héroe es algo muy diferente a lo de ser alguien mediático. Me apetecía contar el día a día del que fue mi barrio, de aquellas personas que tienen problemas para llegar a fin de mes, pero entre las que se viven momentos estupendos y que se sienten parte de un grupo. En este caso el catalizador es el fútbol, donde la gente se reúne, de lo que hablan en el bar y esas personas son los mismos que se ayudan unos a otros luego cuando las cosas van mal.


Además de “El penalti más largo...”, hay otras películas que siguen una misma línea, como si buscaran hacerse un hueco, una identidad propia dentro del cine. Marca registrada. Cine español altamente clasificable como tal. Películas modernas que en su día hubiera protagonizado Alfredo Landa.

Supongo que es cierto que hay una tendencia a buscar un hueco para el cine español. Son guiones que conectan con la gente desde lo más básico. Hablan de historias cotidianas, reflejo de la realidad, sin tremendismos, ni grandes dramatismos, que a mí, como espectador, a veces me saca del cine. Son historias que manejan materiales muy sencillos, cercanos, que buscan que la gente se divierta.


Así dicho parece muy fácil...

Pero en realidad en muy complicado. A mí lo que siempre más me ha gustado es la comedia, y como guionista que he intentado escribir otras cosas, reconozco que no me salen. Con 19 años comencé en TVE con comedias. Es mi mejor manera de acercarme a las cosas que quiero contar.


¿Qué le ha dicho esa gente de barrio cuando ha visto la película?

En la gira promocional hacíamos coloquios con el público al final de las proyecciones y muchos me decían que lo que más les había gustado era que habían vivido esas mismas situaciones y conocían a gente igual que los personajes. Me encantaba. Durante años en el cine español la palabra realista estaba como prohibida, sin embargo a mí me parece respetable intentar hacer un retrato de algo que tu conoces si te sale de verdad.


¿Cómo se hace un guión realista?

Cada guión lo he trabajado de una manera diferente. Éste en particular se basa en un relato de Eduardo Soriano de cinco páginas que se llama igual. Cuando lo leí hace cuatro años y medio, ví la película. Yo soy muy futbolero y llevaba tiempo buscando una historia que mezclara esa cosa épica y humana del fútbol. Escribí la primera versión del guión, hice como veinte, y dos años después tuve la definitiva. Entonces empecé a pensar en un actor. Por eso me sorprende cuando leo que es un papel hecho a medida de Tejero. Pero me alegro porque quiere decir que la simbiosis entre el actor y el personaje ha sido perfecta. Ha habido mucho trabajo por su parte.


Incluso ha tenido que entrenar.

Sí. Parece una tontería pero un tipo que se supone que es portero de fútbol tiene que saber colocarse debajo de los palos, colocarse los guantes... y eso nos llevó semanas.


Fernando Tejero, ha trabajado más estos últimos meses que en toda su vida.

En año y medio ha pasado de pasar desapercibido a no poder ir por la calle porque le piden autógrafos, fotos, besos, de todo. Lo cual es curioso porque cuando yo le propuse el proyecto, en el verano del 2003, no le conocía nadie, de hecho tuve que convencer a mi productora de que el actor perfecto era él.


...Y ahora es él quien tiene que explicar quién es usted.

Sí pero es estoy encantado. Lo que pasa es que el proyecto sale al revés porque una de las ventajas que tenía Fernando era que era muy desconocido, lo que me parecía muy bueno para el personaje. Además de una bis cómica innata, es un currante al que le encanta trabajar.


Como el personaje de “El último penalti...”, es un héroe salido de la nada.

Salvando las distancias, sí tiene que ver. En la película hay una pequeña reflexión acerca de lo que es el éxito, al que se llega por un penalti, por azar puro y duro. La diferencia con Tejero es que no es por el azar, sino que es un tipo que llevaba haciendo teatro mucho tiempo, y de buenas a primeras, estrena en dos meses “Días de fútbol” y “Aquí no hay quién viva” y pasa ser un actor conocido por todo el país. En la película pasa aun más rápido, en un minuto.


De Fernado a Fernando... y pregunto porque me toca. ¿Cómo es Fernando León? Me ha dicho una oca que se intercambian los guiones, que son buenos amigos...

¿Cómo es Fernando León? Pues es muy alto, mide 1’93...


Vale, sí, y tiene el pelo largo.

Je, je... Jugábamos juntos al baloncesto en la Facultad. Y ahora siempre que escribimos nos pasamos los guiones. Hay mucha complejidad. Es un tío muy tranquilo, con las cosas muy claras. He visto directores absolutamente tiránicos en los rodajes y yo en eso sólo veo inseguridad. Fernando peleó mucho para hacer su primera película, "Familia", porque le hicieron ofertas muy tentadoras para que la dirigiera otro, y él peleó a muerte. Es muy difícil no caer en la tentación. El resultado es un película que a mí me parece una de las mejores de los últimos 30 años.


Es una gran ventaja que dos amigos que se ayudan sean además buenos profesionales en el guión.

Sí, cuando tienes gente de la que te fías y además respetas, ayuda mucho, hace el trabajo más fácil. Siempre se habla de que en el mundo del cine hay muchas envidias. Pero yo lo que he vivido es que la gente te mima y te apoya. Por ejemplo, David Serrano, el director de “Días de Fútbol”, cuando se estrenó su película yo no le conocía de nada y le llamé.


¿Para insultarle porque le había chafado la idea?

No. Para decirle que me había encantado su peli, que tenía un guión de fútbol que quería que leyera. Lo leyó, le gustó, me apoyó y me dio un montón de ideas.


Todo lo que ha dirigido lo ha escrito usted. Pero también escribe para otros. ¿Se siente más guionista que director?

Sentirme, no sé. Soy guionista antes que director, aunque sólo sea por una cuestión cronológica.


Entonces, ¿por qué un creador de historias se encarga de la dirección? ¿Para qué no le destrocen los guiones? ¿Por comodidad?

No, no es por comodidad. A mí me encanta escribir para otra gente. La sensación de que te han destrozado un guión es inherente al propio trabajo de guionista. Si quieres ser un “autor” completo, dedícate a la literatura. Tu trabajo es una parte de una cadena que luego se va a convertir en otra cosa. Yo dirigí mi primer corto porque me gustaba tanto, era tan personal que quise dirigirlo yo. Y porque encontré una productora que confió en mí.


Y claro, luego va el largo

Sí, el corto gustó. Y eso te llevaba inevitablemente a dirigir un largo, pero nunca fue mi objetivo. Lo que tenía claro es que iba a escribir.


¿Y el teatro?

Pues igual. No me parece tan distinto. Es una necesidad de contar algo. Tengo que buscar algo mío, tirar de la experiencia propia y vital. De ahí sale todo. Sólo que manejas materiales diferentes. Y eso que ser guionista de teatro es ser un kamikaze. Si el cine está mal, la situación empresarial en el teatro es vergonzosa.


Dígame cómo se adapta una película como "El otro lado de la cama" al teatro.

Haciendo tuyo el guión. Es la única manera. Le vas a dedicar dos meses de trabajo y si no lo haces tuyo, es imposible. Yo cogí el guión original, con 80 secuencias y 40 localizaciones diferentes y tenía que reducirlo a tres o cuatro espacios y nueve o diez escenas. Igual que con los personajes, que tienes que limitarlos. Para mí la solución es encontrar el espacio escénico, y en este caso fue una cama.

© Mª. Angeles Martínez-abc guionistas

25/04/2005 12:12:29