25/07/2008 - 14 usuarios online

Desde el 30 de marzo, las pantallas comerciales españolas acogerán la elogiada cinta franco-magrebí "Days of glory", candidata al Oscar por Argelia, y una epopeya humana que aborda el sacrificio de los nativos de las colonias francesas durante la II Guerra Mundial. Cuatro musulmanes magrebíes que se presentan más o menos voluntarios al ejército francés, luchan en los campos de batalla de África y Europa, donde además de enfrentarse a los nazis, deberán sufrir la intolerancia y el racismo de sus compañeros, sus superiores y sus supuestos aliados. Su guionista y director es Rachid Bouchareb, entre cuyos previos trabajos están "Bâton rouge", "Poussières de vie" o "Little Senegal".
- ¿Cómo surgió la película?
Llega un momento en el que las cosas maduran y encajan. Para mí ese momento llegó cuando acabé "Little Senegal". Desde siempre me ha interesado la historia de la inmigración. Es el pasado de mi familia. Uno de mis tíos luchó en la Guerra de Indochina. Vivimos la Guerra de Argelia, y tengo un bisabuelo que participó en la Primera Guerra Mundial. Siempre he vivido marcado por la colonización, la descolonización, la inmigración y todos estos hombres que han escrito la historia de Francia.
- Siendo un guión basado en hechos reales, imaginamos que tiene detrás una amplia documentación.
Sí. Olivier Lorelle, con quien hice el guión, y yo estuvimos informándonos durante más de un año. Empezamos por el Departamento de Documentación del ejército. En el Ministerio de Defensa encontramos documentos sobre Naceri y Debbouze, que fueron los antepasados de los actores que hoy conocemos. También nos documentamos en bibliotecas, pero sobre todo contactamos con personas que vivieron aquella época. Queríamos oír sus testimonios. Fuimos a Burdeos, Marsella y Nantes, así como a Senegal, Marruecos y Argelia. Nos empapamos de sus experiencias y emociones. Entonces fue cuando me di cuenta de que la película no podía reflejar la historia de un solo hombre, sino que tenía que incluir a todo el continente africano.
Luego tuvimos que digerir todos los datos que habíamos recabado. Yo quería hacer una película, no un documental. Un documental dramatizado también habría sido una trampa. El cine tiene que tener en cuenta al espectador. Tiene que tener una dimensión que vaya más allá del contexto histórico y que ahonde en el sentimiento humano para encontrar lo que nos conmueve a todos dejando al margen las diferencias.
- ¿Cuánto tiempo les llevó ese trabajo de elaboración del guión?
Tardamos en desarrollar el guión más de dos años y medio. Tuvimos que hacer 25 versiones para transcender la historia y concentrarnos en el contenido humano, en los detalles pequeños, cotidianos, que reproducen la vida mejor que ningún mensaje. Para mí, el cine transmite encuentros y emociones. Por encima de todo es algo que te hace sentir, incluso aunque tenga un mensaje. Ésa era la única forma que tenía de desarrollar la historia y conectar con el espectador. No quería ser didáctico. No hace falta. Durante la fase de documentación, encontré un artículo de hacía cinco años sobre un pueblo de Alsacia que acababa de erigir un monumento a los cientos de soldados de infantería que murieron protegiendo a sus habitantes. Defendieron su tierra hasta el final, y sufrieron gravísimas pérdidas. Este suceso me incitó a contar la historia de un grupo heterogéneo que se une frente a la adversidad. Tenía muy claro que sólo recurriría a hechos reales. Escribí sobre la misión de aquellos hombres que se encontraron en un pueblo perdido y sacrificaron sus vidas en el nombre de la metrópoli.
- ¿Cómo construyó los personajes?
Para crear los personajes, me inspiré sobre todo en los veteranos que conocía. Yassir, el goumier, nació de uno de aquellos encuentros: conocí a Yassir en una pensión de Nantes. Saïd, el cabrero, también existe. Otros personajes son una mezcla de varias personalidades. Abdelkader está inspirado en personajes como Ben Bella, que combatió en la Segunda Guerra Mundial, se desilusionó y se hizo nacionalista. También me entrevisté con tres personas que conocieron a mujeres francesas, se trasladaron a Francia e hicieron allí sus vidas.
- Creo que buscó los actores incluso antes de tener terminado el guión.
Efectivamente. Desde el principio hablé con los actores, ya que no podía imaginar la película como algo que no fuera colectivo. Escogí a los actores por su sensibilidad. A algunos ya los conocía en persona, pero a todos los valoraba profesionalmente. Fui a verlos y hablarles sobre mi proyecto. Todos se mostraron interesados. Les dije que volveríamos a vernos... ¡cuando tuviera el guión! Ellos fueron los primeros en mostrar entusiasmo por el proyecto, que se salió de los límites de la cinematografía. Cobró una dimensión especial. Al principio, el guión duraba tres horas y media y comenzaba en África. Tuvimos que recortarlo y reducirlo a los países del norte de África. No escribí un personaje concreto para cada actor. Quería sentirme libre al escribir. Jamel podría haber interpretado a Abdelkader. No quería limitaciones. Los papeles eran intercambiables.
- Como todo film bélico, la producción debió ser complicada, y por tanto el traslado a imágenes del guión.
Antes del rodaje, hicimos el storyboard de las 900 escenas que tiene el guión durante un periodo de cuatro meses. El rodaje duró 18 semanas y se repartió entre Ouarzazate, Marruecos, un lugar perfecto para las escenas marítimas, el sur de Francia (Beaucaire y Tarascón) para las escenas de la liberación, y los Vosgos y el entorno de la frontera entre Alsacia y Lorena. Las escenas en las que aparecen montañas nevadas, que en la película son los Vosgos, se rodaron, curiosamente, en Marruecos.
También había muchas escenas de combate que abarcaban varias hectáreas, con explosiones por todas partes, así como efectos especiales para simular aviones en el cielo y flotas de buques de la Marina. Quería dar a la película una dimensión épica, para que pudiéramos sentir las batallas, el cambio de estaciones, el paso por los distintos países y los cambios en los hombres. Quería estar en todos los frentes. Hasta el decorado del pueblo de los Vosgos requirió nada menos que el trabajo de cincuenta personas que, en cinco meses, transformaron una aldea en ruinas: reconstruyeron un grupo de casas y añadieron una iglesia y una cafetería. Todo tenía que servir como telón de fondo histórico.
- El guión tiene una faceta reivindicativa. Denuncia el olvido y las promesas incumplidas a los excombatientes magrebíes. ¿Aspiraba a resolver una injusticia?
No he intentado cambiar la historia. Si hubiera visto que estas personas estaban llenas de violencia y amargura lo habría reflejado en la película. Pero ése no es el caso. Liberar a un país que sienten como el suyo, a su "madre patria", la forma en que los recibieron en los pueblos de Francia y cómo les aplaudían por las carreteras, todo eso ha dejado una huella en su memoria. Y todas la injusticias que han sufrido desde entonces no han conseguido borrarla. Hace mucho tiempo que quería hacer esta película para que los jóvenes lo sepan y los demás lo recuerden. Estoy seguro de que será bien recibida. Es el momento oportuno. La película es una piedra con la que seguir construyendo el futuro juntos.
© Notro Films / abc guionistas
21/03/2007 09:21:16