06/10/2008 - 25 usuarios online

Manuel Hidalgo (Pamplona, 1953) ha publicado cinco novelas, es columnista, guionista y crítico de cine. Condujo magacines televisivos en los años 80 y ejerció el periodismo en varios medios de comunicación. Atesora una cultura enciclopédica y vive de la palabra. Escribe con precisión y sencillez, una delicia ante tanto pedantón. Al presentar en Logroño su obra, 'Lo que el aire muere', ganadora del I Premio Logroño de Novela, aseguró en declaraciones a El Correo que para seguir guionista hay que llegar "llorado".
-¿Qué es primero, el libro o la convocatoria del concurso?
La idea es antigua. La empiezo a pensar en 2001.
-¿De qué fuentes bebe?
De la calle. Estoy con los ojos y oídos muy abiertos. En los tiempos de periódico no se pisaba tanto en la calle, se estaba en la redacción y en los salones. Tomo café, oigo a los camareros...
-Este libro supone un cambio de registro literario.
Sí, había hecho novelas que trataban más las relaciones personales, de amores y desamores. Siempre me interesaron. Me dije: 'y si yo hiciera algo que hable de la sociedad de hoy de manera amplia y profunda'. Ésa fue la idea que está detrás de este libro.
-¿Escribió la novela a ritmo frenético o pausado?
Se interrumpió porque hubo guiones de cine por medio. Eso de que 'oyes, que si quieres, y resulta que es mañana cuando hay que empezar'. Surgió lo del concurso y retomé la novela.
-El libro es coral. Eso requiere una técnica porque los personajes afloran, desaparecen.
Es mucho trabajo porque es coral y, a la vez, está contado con la técnica del simultaneismo. Tiene cogollo con cuatro personajes principales y luego se ramifica a muchos hasta que forma un friso.
-Manejó siempre un lenguaje sencillo y preciso en el adjetivo.
La sencillez tiene que ser un logro que luego esconda o cobije la mayor profundidad de campo posible. Me gustan que mis textos fluyan. Hacer las cosas sencillas es muy difícil.
-Que tomen nota rebuscados que rescatan palabras disecadas.
Los escritores excesivamente orfebres del lenguaje, si no son los maestros, no me interesan. Si cojo 'Salambó', de Flaubert, y describe un banquete con los platos, vegetales, animales... Es Flaubert. Ahora, el que a Flaubert le llega a la mitad y busca la sobreactuación, me aburre, no me interesa.
-¿Escribir un guión permite alguna libertad estilística?
Hay que venir llorado a eso de ser guionista. He tenido suerte por una razón: o bien me han hecho encargos porque el tipo tenía un problema y me encargaba la solución, o he trabajado con un director de igual a igual.
-En resumen, cine y literatura son dos mundos muy alejados.
Con la novela dices 'está aquí y la he escrito yo'. En el cine hay otra satisfacción. Se sabe que la película está ahí, hecha entre muchos, pero nadie hubiera empezado si no hubiera escrito alguien los diálogos.
-¿Es un disciplinado escritor?
Desde que dejé el periódico soy razonablemente disciplinado a la fuerza. Hay que producir. El 98 por ciento las mañanas comienzo a escribir a las 10. Me avisan de pases de películas, un libro que se presenta a la una de la tarde y no voy. Aunque fuera de lo militar, la disciplina exige fugas. Ese día que dices: 'esta mañana, paro'.
-¿Cómo vio al oscarizado Bardem en 'No es país para viejos'?
Hay una equivocación con el personaje. Es un actor buenísimo pero hace un personaje de composición; es decir, aquel que con la ayuda de una sola clave y de una apariencia física, toca esa tecla durante hora y media.
© abc guionistas
17/03/2008 06:04:36