04/07/2008 - 28 usuarios online

El director de cine y guionista Roberto Bodegas (Madrid, 1933) pasó por el Ateneo Riojano con motivo de la presentación del libro 'El oficio de la vida, los oficios del cine' que, con formato de entrevista, escribió Ángel María Fernández y editó Ediciones Aborigen. Fueron horas y horas de charla entre Bodegas -con raíces riojanas- y el biógrafo Fernández. El Correo Digital le preguntño sobre el oficio de guionista y el cine en general:
-¿Retiraría alguna película en la que trabajó como director o guionista?
Ninguna. Cuando he hecho algo, era porque me gusta participar en cómo va a ser la película. Que salga mejor o peor es otra cosa.
-Marchó a París en 1956. De la España grisácea, a la ciudad desinhibida. ¿Cómo vivió el contraste?
Me fui como emigrante, huyendo de eso, del blanco y negro.
-Tiempos duros. ¿Cómo trataban a los españoles los gabachos?
Lo mío fue la aventura de un emigrante. En aquella época no había muchos españoles, la mayoría eran emigrados políticos. Sí había chicas de servir.
-¿El guionista es por definición el hermano pobre del cine?
El guión es lo más importante. Sin éste, una película no tiene sentido. De un buen guión puedes hacer una mala película, pero de un mal guión, no hay dios que haga una buena película.
-Algunos notables actores se convierten con los años en juguetes rotos. ¿Se debe al vaivén laboral?
Éste es un oficio muy aleatorio. Hay que estar muy bien armado psicológicamente para aguantar cuándo te va mal pero, sobre todo, saber que, cuando te va bien, es algo pasajero. Éxito y fracaso tienen los mismos componentes.
-Debe ser desquiciante esperar y esperar la llamada telefónica para un papel o papelito.
Terrible para el actor. Eso es lo que llamó yo la muerte de un teléfono, cuando el teléfono no suena. El trabajo de actor es muy frágil.
-¿La edad madura es un lastre?
No. Muchos actores, a medida que han ido envejeciendo, están cada vez mejor. Es como el vino. Cuando se trata de un galán que es flor de un día, a veces pasa.
-Impulsó la tercera vía del cine español, éste hasta entonces bastante mentecato, salvo excepciones. ¿Qué cambió?
Me inventé la frase. Vino con mi película 'Españoles en París'. Se trataba de cambiar un cine franquista en el que los personajes estaban fuera de la realidad social. Un taxista tenía una casa cojonuda, y todo el mundo tenía coches maravillosos. 'Manolo, guardia urbano, vivía en el barrio de Salamanca. Todo era irreal. Intenté que los personajes correspondieran a la realidad social.
-¿Ha sido Azcona el maestro?
Como en el toreo hay un torero de toreros; él ha sido cineasta de cineastas. Imprimió con sus guiones un sesgo de realidad.
© abc guionistas
08/05/2008 22:42:46