25/10/2010 - 25 usuarios online


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Pedro Gómez, escritor de series: "copiar series de calidad no es hacer series de calidad; copiar series de éxito no es hacer series de éxito"

Pedro Gómez
Pedro Gómez

Pedro Gómez, doctor en Comunicación Audiovisual, ganador en dos ocasiones del Premio Buñuel de guión adaptado, es profesor de Narrativa e Historia General de la Imagen de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid y ha escrito innumerables capítulos de series –Al salir de clase, Calle nuevam Abogados, un hombre solo, etcétera-, así como es autor de miniseries –Las cerezas del cementerio-.

LAS SERIES EN SERIO: CONTRA LA ATONÍA

A menudo nos sentimos satisfechos porque las series españolas han conseguido acaparar la atención del público, que ahora las prefiere mayoritariamente al producto americano y respecto a esto hay bastantes estudios que indican que no es ni mucho menos una tendencia pasajera y local. Por el contrario, más parece un fenómeno común a una buena parte de los estados de la Unión. Hablamos, claro, de los estados con un audiovisual más consolidado: Alemania, Reino Unido, España, Italia y Francia, donde se produce un mayor número de horas de ficción al año, casi siempre por ese orden (aunque con ligeras variaciones según las temporadas) según el Observatorio Europeo de la Comunicación,.

Lo que ya no resulta tan alentador es el hecho también incuestionable, de que lo que se produce es fundamentalmente un producto homogéneo, cargado de elementos en los que predomina el parecido y donde brilla por su ausencia la originalidad. Si amas la televisión no estás dispuesto a aceptar una explicación tan simplista, como que "la televisión no inventa, recicla".

Que es un medio regresivo, vale (tanto tiene de regresivo como de agresivo). Que las innovaciones le llegan tarde, como la ropa y los libros a los hermanos pequeños que todo lo heredan... vale también. Que haya que aceptarlo como una realidad que nos supera, eso, de ninguna manera. Dedicar un tiempo a pensar en el futuro, no es tirar ese tiempo. La televisión sobrevive, como el cine, porque ha sido capaz de superar sus períodos de crisis. Crisis económicas, crisis de ideas, crisis de valores... siempre se consiguió porque alguien tuvo la generosidad de dedicar algunos minutos de su tiempo a pensar (la parte dramática también hay que contarla: no todos los que lo hicieron obtuvieron alguna recompensa por ello).

Como recoge Palacio en su Historia de la televisión en España, hay antecedentes de este hecho: en la primera fase de implantación del medio, cuando sólo existía Televisión Española, los responsables de la creatividad (guionistas, realizadores...) se dejaron llevar por la inercia, aplicando fórmulas más o menos probadas y cayendo en el frecuente error de huir de la experimentalidad, en beneficio –decían ellos- de la seguridad.

Por supuesto que los experimentos con gaseosa, nadie está tan loco como para defender una experimentación suicida, a ciegas... pero copiar series de calidad no es hacer series de calidad; copiar series de éxito no es hacer series de éxito. Qué duda cabe que fijarnos en lo que funciona nos ayuda y estimula a mejorar nuestra técnica, a educar nuestro instinto. Pero esto debe ser sólo una herramienta, no el fin último.

Nuestro oficio se basa en la innovación. Esto no nos exime de conocer las normas clásicas, tampoco los parámetros que definen la forma y la estructura de los contenidos preferidos por el público. En la actualidad y desde hace varios años, se ha vivido el imperio absoluto del dramedia como formato televisivo de ficción más implantado junto al serial y la sítcom. Tal vez haya llegado la hora de un cambio.

Echando un vistazo a lo que se hace en otros países y viendo por dónde van las nuevas tendencias se puede intuir -esperemos que así sea- un retorno del “género”, no está muy claro si en detrimento del “formato”. Las denominadas "series de género" no son otra cosa que estructuras típicamente televisivas en donde lo predominante no es la estructura en sí sino el contenido, que da prioridad a un código compartido con el espectador: misterio, terror, bélico... ahora mismo esas son las series que faltan o de las que hay pocos ejemplos, pero en cuya producción ya están embargadas algunas firmas pioneras de nuestra televisión (se espera por ejemplo, el estreno próximo de historias para no dormir, según una actualización tripulada por Ibáñez Serrador, padre de la criatura, pero en la que participarán directores y guionistas jóvenes). Esperemos que no se quede en mera anécdota.

Todas las fórmulas se agotan, es una mera cuestión de tiempo. Cuando hablamos de formato en la ficción televisiva, sin embargo, parece que estamos aludiendo a algo mucho más perdurable en el tiempo de lo que pudiera ser el género, siempre sujeto a los vaivenes de la moda. Los géneros están en los formatos. El formato es una estructura estable que evoluciona variando contenidos. Los tres formatos televisivos aludidos han superado décadas enteras mezclando géneros porque para bien o para mal, en televisión fue antes el formato que el género.


10/04/2005 10:56:40