22/02/2011 - 24 usuarios online


Noticias de guion


García de Leániz escribe sobre "La noche del hermano"


"La noche del hermano"

Por Santiago García de Leániz (*)

Ahora ya lo sé, las historias que merecen la pena contarse siempre están ahí. Esperándote. Hará casi una década, cayó en mis manos un borrador de guion, una idea para una historia escrita por Josep Bonet que se nutría de un punto de partida muy concreto como es el arranque que ha permanecido en lo que es ahora "La noche del hermano". Tenía algo terriblemente brutal y poético a la vez que me generó un desasosiego tremendo y una atracción irresistible. Trabajé en un primer borrador con Bonet unos meses muy intensos a mediados de los 90 como si me fuera la vida en ello, pero las historias también tienen un tiempo para ser contadas y ése no parecía ser el mío. Con los años, mi compromiso y obligaciones como productor hicieron que casi definitivamente renunciara a intentar contarla en una película. Podría decir que fue el azar lo que hizo que la historia volviera a mí, pero ahora sé que la historia nunca me había dejado del todo y eso era evidente para personas muy cercanas a mí en La Iguana (Pizca Gutiérrez, Iciar Bollain) y que hicieron posible que me enfrentara de nuevo a ella. Debo decir que me abrumaba la confianza que ellas han tenido en mí todo este tiempo. A partir de ahí y durante estos años y tres películas producidas por medio, el trabajo de escritura de guion lo he desarrollado con Tatiana Rodríguez, la coguionista de la versión que ahora está en celuloide.

Extrañamente, podría decir que la historia de Jaime es una metáfora de mi propia relación con el cine, pero esto no tiene una base muy racional y no creo poder saber explicarlo del todo. Aunque podría ser que fuera una metáfora de otras cosas. Ahora bien, también sé que no todo lo que se proyecta en una pantalla de cine tiene que tener una explicación lógica.

Un aspecto que me interesaba mucho de la historia era la fina línea que separa el "bien" y "el mal", el amor y el miedo, el día y la noche. Cuando escribía la historia me venía siempre a la mente un verso del poeta Carl Sandburg que sacó del refranero popular americano, y que decía así: "Dark eyes say love me or I kill you, blue eyes say love me or I die". O algo por el estilo.


Los actores

A menudo, al menos para mí, surge una incómoda relación de poder dado el carácter laboral entre el director y el potencial actor o actriz en el durísimo proceso que son las entrevistas y pruebas. Y no creo que deba ser así. Por eso, cuando yo me tuve que decidir por los tres actores principales, tanto a María como a Pablo y Jan les pregunté si querían hacer la película. El casting, queramos o no, tiene que ser cosa de dos. Es decir, los actores también tienen que elegir con quién y dónde se meten. Por eso también digo que ellos, los actores, al igual que los personajes y la historia que espera ser contada, eligen su director.

Tras meses de búsqueda, Jan Cornet apareció cuando ya empezaba a dudar de si realmente el personaje de Jaime podría llegar plasmarse en la pantalla. Había algo de ese "Jaime" en Jan que suplía (o mejor, reflejaba) las carencias lógicas de alguien que se enfrenta por primera vez a una cámara. El cine es la mirada. Y Jan mira lejos.

Quizá porque en el fondo quería a María Vázquez desde el principio, hice lo posible por agotar todas las posibilidades entrevistando y probando a actrices españolas y extranjeras casi todas de mucho talento y posibilidades; supongo que para despejar definitivamente dudas de que no sólo la intuición sino mi cabeza estaban en lo cierto. Hay ciertas frases del guion que sólo María podía decirlas de la manera que las dice, y de cómo se expresaran (intención, voz y mirada) dependía en gran parte la película.

Con Pablo Rivero (y sólo uso la televisión para ver fútbol) descubrí a alguien que tenía las cualidades que para mí son indispensables —aunque no necesariamente en ese orden— en un actor: inteligente, valiente y generoso. Y Pablo estaba dispuesto a lanzarse con todas las consecuencias. Pablo es muy racional, tiene una técnica exquisita y una mirada infalible. Es rápido. Además, sospecho que llevaba tiempo buscándose en un papel así.

De Joan Dalmau se puede escribir y contar mucho, pero para mí es una de las personas más hermosas que he conocido y su corazón es el de un niño, tan grande como su talento. Y además tiene una de las voces más bellas del cine español: no he oído nunca a nadie recitar en castellano poesía como él.

Las aportaciones de Iciar Bollain y Luis Tosar a la película son obviamente impagables y no sólo lo digo también como productor. Dan a la historia la firmeza y credibilidad que necesitaba para ser sólida y veraz dramáticamente sin tener por qué explicar o contarlo todo. Sobre Luis Tosar sólo puedo decir que es el mejor actor que conozco. A veces en la vida lo mejor es lo que más cerca tienes, pero no quieres o no sabes verlo. El exceso de pudor (tan atenazante a veces) no me dejó proponerle a Iciar el papel. Fue ella la que me dijo que le gustaría hacer de Julia. Después de todo habíamos andado juntos un camino muy largo y ésta era una etapa que no quería hacer separados. Cuando veo a Iciar en la pantalla no puedo evitar pensar que el personaje de Julia llevaba tiempo esperándola.

No tengo espacio para mencionar lo que han supuesto para mí y para la película todas las aportaciones del resto del reparto como José Ángel Egido, Antonio de la Torre, Isabel Gaudí, Pedro Alonso, Aitor Presa o Leslie Hope, por citar algunos. Sólo puedo agradecerles su confianza.


Un paisaje para esta historia

Mi anterior trabajo como director se remonta al año 1992. Fue un cortometraje llamado "Entretiempo" y lo había rodado en invierno con distancias focales cortísimas en el norte de España. Viajé con él a varios festivales y en uno de esos viajes en tren (que es como viajar rodando) descubrí un paisaje para contar otra historia. Lo paradójico era que ante mí se proyectaba un paisaje muy dramático y seductor a la vez lleno de luz y color para lo que sería una narración con un título que mencionaría la noche. Pero descubrí que quizá de eso se trataba, de los contrastes y su cercanía, de la luz y la oscuridad, del color de la tierra y la ausencia de ello. Luego fui descubriendo en ese escenario otras claves que pedía la historia, como el agua o la escasez de ella, el vergel próximo al desierto, la arcadia del mundo rural lindando con la inmediatez del urbanismo moderno y desaforado, el silencio y el ruido. También había algo en ese paisaje que entroncaba con mi admiración por aquel cine que buscó y echó sus raíces en territorios de luz, en ese caso hacia el Oeste y en donde también, como en éste, crece la flor del cactus.


Ser productor y ser director

Como productor he tratado de aplicarme siempre dos máximas; una: "Averigua qué busca contar tu director y haz desde tu puesto la misma película" y dos: "Haz por tu director todo aquello que quisieras que hicieran por ti". Decir que dirigir una película es como ir al frente con un batallón de soldados y maquinaria a tu cargo puede resultar una falta de respeto para alguien que ha estado allí. Pero no se me ocurre otra cosa mejor para explicar lo que he sentido. O quizá sí: no importa el miedo, lo que importa es que no se te note.

(*): Santiago García de Leániz, nacido en Madrid en 1963 estudió Arte Dramático e Historia del Cine en Canadá y se graduó en cine por la London International Film School en 1987. Desde el año siguiente comienza su andadura profesional al lado de directores como Gutiérrez Aragón y Felipe Vega, para fundar en 1991 la productora La Iguana, que actualmente dirige junto a Iciar Bollain. Ha escrito, dirigido y producido varios cortometrajes de ficción y documentales, y producido los films de Bollain. "La noche del hermano" es su primera realización de largometraje.

23/08/2005 12:01:45