25/10/2010 - 20 usuarios online


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Alice Wu escribe sobre "Guardando las apariencias"

Alice Wu
Alice Wu

Por Alice Wu (*)

Me fascina la ineptitud humana. Raras veces observo el mundo en términos de bien y mal, correcto o incorrecto; creo que la mayoría de la gente se esfuerza en hacer lo correcto. Que “lo correcto” sea tan a menudo lo erróneo, a veces es trágico y a menudo muy, muy divertido. Mis historias preferidas surgen de personajes buenos pero condenados al fracaso que, desesperadamente, tratan de hacer lo que consideran que es mejor en cada situación determinada– y la situación sigue empeorando. Los personajes no le encuentran la gracia a nada de esto; nosotros, como público, nos reímos porque nos reconocemos: en su situación puede que lo hiciéramos (y quizás ya lo hayamos hecho) peor.

Lo que me interesa es nuestra capacidad para verlo así, a pesar de que, no obstante, cometamos los mismos errores. Es gracioso que una especie tan cualificada– nuestra biología aventaja a nuestras circunstancias de forma que, la inmensa mayoría de nosotros, somos muchísimo más ágiles física e intelectualmente de lo que precisa nuestro trabajo diario– esté tan perdida en lo que a las emociones se refiere, en las relaciones con los demás. En la cadena de la evolución, desde los peces hasta los monos y hasta nosotros, somos el tipo con gafas que no se atreve a pedirle a la chica que salga con él. Especies anteriores desparecieron a causa de hambrunas y enfermedades; nosotros podríamos ser los primeros en perecer por falta de autoestima.

En "Guardando las apariencias" hay un momento en el que la hija percibe la vulnerabilidad de su madre por primera vez. Definitivamente, la madre se niega a acudir a la cita a ciegas que su hija le ha conseguido. La hija reacciona tratando de lograr que su madre se prepare; está segura de que la situación se puede remediar si logra que mamá se ponga el vestido apropiado, se peine de la manera apropiada. Cuanto más intenta arreglar las cosas, peor. Lo que su madre quiere en el fondo es consuelo: tiene miedo. La situación es cómica. ¿A la hija le importa? Sí. ¿Está intentando hacer lo corrcto? Sin duda. ¿Funciona? No. Sólo cuando alza las manos y se rinde, surge la verdad. Y con ella, la conexión que las dos mujeres buscaban inconscientemente.

Escribí "Guardando las apariencias" como una carta de amor dirigida a mi madre. El personaje de Ma empieza la película como una mujer que, aparentemente, ha realizado todas las decisiones importantes de la vida; a sus 48 años ha llevado una vida formal y ahora, fundamentalmente, vive para morir. Que al final rompe con las tradiciones y vive según sus principios es un triunfo que quería que mi madre –y el mundo– viera. Supongo que si hay algo que que intento decir con la película es que, independientemente de quién seas –asiático o negro, gay o heterosexual, joven o viejo– básicamente, lo que quiere todo el mundo es amar; y que la oportunidad puede surgir en cualquier momento de la vida que uno se proponga. Hice ""Guardando las apariencias"" porque quería que mi madre supiera que nunca es demasiado tarde para enamorarse por primera vez. Y que no siempre es cuando hacemos las cosas bien, sino que a veces es cuando nos equivocamos, cuando emprendemos el camino que nos permite adentrarnos en el que nos corresponde.

(*): Alice Wu Alice Wu, de familia china, nació y se crió en San José, California, y ahora vive en la ciudad de Nueva York. Obtuvo dos licenciaturas en ciencias de la informática en la Universidad de Stanford. Dirigió el cortometraje "Trick on heart" (2002), antes de escribir el guión y dirigir "Guardando las apariencias" (2004), su primer largometraje, ya en las pantallas españolas. Ahora prepara "Foreign Babes in Beijing".

© abc guionistas

24/12/2005 00:15:15