25/02/2020


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Los guionistas españoles y sus problemas

Fernández-Tubau
Fernández-Tubau

Por Valentín Fernández-Tubau Rodés, guionista y Director de "Técnica y Servicios" de abcguionistas.

Como puso de manifiesto el estudio “Los Guionistas en España” llevado a cabo por ALMA y la Fundación Autor este mismo año, uno de los problemas más destacados que vive el colectivo de guionistas de nuestro país se refiere a las prácticas atentatorias contra la dignidad del trabajo que vienen siendo impuestas al estrato menos pudiente del colectivo.

Así pues, se han dado casos de guionistas que, a película estrenada, han sido los únicos “acreedores” pendientes de pago; innumerables casos más han experimentado cómo se les exigía su trabajo condicionando el cobro a las ventas del producto. Otros, se han visto forzados a pactar precios abusivos, muy por debajo del mercado, por el temor a encontrarse “en paro” y ante la falta de una protección sindical como la que viene resguardando a otros colectivos del audiovisual.

Todas estas acciones abusivas ejercidas sobre la figura del guionista cobran una singular importancia si además pensamos que es el guion la materia prima con la cual un productor puede permitirse “apostar” varios millones de euros, en vistas a recolectar una rentabilidad.

La práctica de intentar vincular el pago de la materia prima necesaria para producir un bien (película) a la venta de dicho producto, no importa cuan disfrazada de razones pueda estar, ¿merece algún otro calificativo distinto al de práctica perversa? ¿Se imagina alguien que un constructor pague a un arquitecto sólo si el inmueble se vende? ¿O que decida pagarle sólo si le sobra dinero después de haber saldado sus cuentas con el resto de los proveedores y trabajadores de la construcción? ¿O que le intente pagar el trabajo del arquitecto a precio de obrero de la construcción porque si no… le da su proyecto a otro? Pues desgraciadamente, algo equivalente es lo que está pasando en nuestro colectivo.

Es necesaria una gran reflexión y aproximar posturas para devolver la dignidad a un sector que es el que ofrece la materia prima con la que rodar y producir películas. Sin guion no hay cine ni televisión posible. Sin guion, no hay industria.

Como primer paso en lo que debe ser una cruzada por el reconocimiento que se merece nuestra profesión, hay que plantearse tres objetivos principales:

1) Establecer unas retribuciones mínimas a los guionistas y un porcentaje mínimo para invertir en desarrollo.

2) Establecer la necesidad de firmar contrato u opción con un mínimo estipulado, para poder “mover” cualquier guion.

3) Establecer condiciones de pago no vinculadas a las ventas o al comienzo del rodaje, sino a la finalización del producto (guion)

El pago de los guiones antes de “moverlos” no es sólo es algo justo, para desvincular el riesgo empresarial del que no es empresario. Estando vinculada la selección de un guion a un pago, potenciará un mayor rigor en el análisis de guiones en función de su calidad y potencial, lo que es de esperar que desemboque en una mejora profesional y del mercado.

Más allá de los problemas hasta ahora expuestos, existe otro tipo de situación derivada de los contratos por cuenta ajena. Sobre esta práctica, nacida en torno a algunas series de TV, nada habría que decir si fuera ejercida en condiciones de plena libertad y remunerada adecuadamente; sin embargo, según señalan cada vez más afectados, se les fuerza en ocasiones a soportar el peso de una serie creando argumentos y guiones a destajo, en condiciones que suelen ser abusivas, habiendo llegado el caso de privar a los guionistas de los derechos de autor para asignárselos a personas vinculadas a la producción ejecutiva de alguna productora.

La voluntad de entrar en el sector audiovisual fuerza a algunos desesperados a aceptar las decimonónicas condiciones, en una situación equivalente a la del inmigrante que acepta vendimiar o recolectar fruta a precios abusivos con tal de sobrevivir. De ese modo, hay algunas productoras, que consiguen su materia prima a precio irrisorio, dándose el caso de que, siendo el guionista el que dota de posible existencia y continuidad a una serie, a veces es el menos beneficiado de todo el sector audiovisual.

La resolución del problema pasa por el establecimiento de un convenio colectivo que regule el sector. Por ello, las asociaciones de guionistas del país están estudiando cómo acabar con todas la prácticas nefastas que impiden no sólo que el guionista ocupe el lugar que le corresponde en el audiovisual, sino que la propia industria pueda desarrollarse al nivel que se merecen los que en ella trabajan.
Pero es conveniente que a ese fin se sumen todos los gremios del sector audiovisual: desde productores a técnicos, desde actores a empresas de servicios.

Recordemos que sin cimientos, no hay carcasa que valga. Cuidemos los cimientos, es decir, los guiones y los guionistas, y veremos que la industria empieza a florecer y nuestro cine gana impúdicamente en cuota de calidad.


26/12/2004 21:12:35

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