04/01/2011 - 19 usuarios online


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Diálogo entre el guionista y el director de "Capote"

Futterman
Futterman

Desde el día 24 de febrero en las pantallas españolas, "Capote" nos acerca a la personalidad del célebre escritor y personaje social Truman Capote, durante la época en que escribió una de sus obras más conocidas, "A sangre fría". Candidata a cinco premios de la Academia norteamericana, entre ellos el de mejor guion adaptado, reproducimos esta charla entre el guionista del film, Dan Futterman, y su director Bennett Miller.

BENNETT MILLER: Me alegro de que nos hayan propuesto hacer esto, me gusta recordar, y hay cosas de las que no hemos hablado nunca, como por qué se te ocurrió escribir el guion de la película “Truman Capote”. ¿Fue en un momento de epifanía?

DAN FUTTERMAN: Ha sido un proceso lento. Me interesaba el tema: la cuestión de en qué medida un escritor se debe a un tema. Un tema al que dedica su vida y en el que él deposita toda su confianza. ¿Has leído ”El periodista y el asesino”, de Janet Malcom?

BENNETT MILLER: No.

DAN FUTTERMAN: Se parece mucho. Joe McGinniss estaba escribiendo sobre Jeffrey MacDonald, un asesino convicto, MacDonald pensó que eran amigos y que el libro serviría para exonerarlo. Mientras tanto, McGinniss estaba escribiendo una auténtica crítica feroz. MacDonald lo demandó y ganó.

Cuando leí “A sangre fría” por segunda vez a los treinta y pocos, pensé que el tema era muy parecido y que seguramente esta era la primera vez que se trataba -al menos que yo supiera- y que Capote, que era el personaje más interesante con diferencia del libro, no estaba ahí.

Entonces leí “Capote”, de Gary Clarke, y a partir de ahí, y durante unos cuatro años, me dediqué a escribir el guion, sin antes enseñarte el tratamiento.

BENNETT MILLER: ¿Tanto tiempo te llevó?

DAN FUTTERMAN: Al menos tres. Anya (Epstein, la mujer de DAN FUTTERMAN) al final me dijo que sólo tenía que escribir el tratamiento, que escribir escenas al azar era absurdo y que no me llevaría a nada. Creo que en ese momento se convirtió en un reto para mí intentar escribir el argumento de la relación de cinco años entre Truman Capote y Perry Smith. Y Anya me iluminó el camino para que pudiera conseguirlo.

BENNETT MILLER: ¿Pero qué despertó tu interés por el tema?

DAN FUTTERMAN: Sé lo que despertaba mi curiosidad, y sigue haciéndolo, y es que una persona pueda tener dos motivos totalmente opuestos para hacer algo o para tratar a una persona de un modo concreto, como Truman hizo con Perry. Necesitaba claramente a Perry para que lo ayudara a satisfacer su ambición de escribir algo innovador, que hiciera historia. Y Truman Capote, a su complicadísimo estilo, quería a Perry. Es una bomba de relojería y un tema intrigante para una película.

BENNETT MILLER: Entonces, ¿esa fue la esencia de la historia para ti?

DAN FUTTERMAN: Sí. El hecho de que fuera sobre Truman Capote fue prácticamente casual. Claro que luego se convirtió en una importante baza porque Capote es interesantísimo por innumerables razones.

BENNETT MILLER: En eso estoy totalmente de acuerdo.

DAN FUTTERMAN: ¿Qué despertó tu interés?, porque al principio no estabas seguro de querer participar en el proyecto.

BENNETT MILLER: Mis dudas sobre participar en el proyecto tenían que ver con las dificultades de hacer la película. Me echaba para atrás las dimensiones de la trama. Es una gran historia y está maravillosamente escrita, pero pensé que las exigencias de la narración hacían peligrar la película. Lo que hace que esta historia sea fascinante para llevarla a la gran pantalla es que “Truman Capote” trata de un hombre cuyos sentimientos permanecen tácitos a lo largo de la película. Está solo. A pesar de ser un personaje público tan tremendo, sus sentimientos más intrínsecos, que es de lo que realmente va la película, son privados. En la superficie vemos la elaborada historia de un escritor que hacía todo lo que estaba de su mano para completar su obra maestra, pero nadie y, en cierta medida, ni siquiera él, entiende el rumbo que está tomando su vida y por lo que está pasando.

Claro que cuanto más lo pensaba, más me atraía la idea. Lo que Truman no decía era tan interesante como lo que decía. El guion era muy rico. Estaba escrito con una contención tan grande y esa contención hacía posible que la película se centrara en lo tácito. Lo que salía a relucir era un cine con una prosa austera.

DAN FUTTERMAN: ¿En qué sentido?

BENNETT MILLER: Con el estilo se pretendía sensibilizar. Con el diseño, la forma de rodar, el montaje y la música se pretendía subrayar y magnificar los aspectos más sutiles del trasfondo de la historia, estudiar las interpretaciones. Phil era el responsable de acercarnos al declive interno de Truman, de lograr hacernos ver las distintas capas y complejidades que el guion sabiamente se abstiene de explicar. El estilo de la película puso a Phil bajo la lente de un microscopio, pero la pelota estaba en su tejado. Tenía que lanzarse al vacío.

DAN FUTTERMAN: Sí, sí. Me gustaría decir algo sobre la contención. Puede que sea más involuntaria que intencionada. A mí personalmente me cuesta mucho decir lo que realmente quiero decir a veces, ser totalmente explícito, así que simplemente doy por hecho que a otra gente también le ocurre lo mismo. Eso otro que has dicho de que Capote está solo la mayor parte de la película es muy interesante y a veces ni siquiera se me ocurrió. Es eso lo que le permite comportarse de forma totalmente innoble. Nadie puede reprobarle su comportamiento.

Las pocas veces que Jack o Nelle, sobre todo Nelle, le comentan algo de su forma de comportarse con Perry son las pocas veces que Capote tiene la oportunidad de rectificar y tratar a Perry con más piedad. Y luego, al final, Capote le dice a Nelle, una vez que han ahorcado a Perry, que no pudo hacer nada para salvarlos, a lo que Nelle le responde: “Tal vez no, el caso es que tampoco quisiste”. De eso va la película para mí, de la pureza de intención.

BENNETT MILLER: Creo que Truman era un hombre de impresionante talento y admirables intenciones, pero estaba predestinado a destruirse por un defecto trágico.

DAN FUTTERMAN: ¿A qué te refieres con un defecto trágico?

BENNETT MILLER: A la avaricia. Pero no la típica avaricia. Lo que él perseguía no era tan depravado como el deseo de dinero, poder o incluso fama –y era un artista-. Yo creo que el tenía un deseo irrefrenable de ser reconocido, elogiado, igual que Perry. Era tan grande su afán que estaba dispuesto a todo por conseguirlo.

DAN FUTTERMAN: Sí.

BENNETT MILLER: Su deseo le nubló el entendimiento hasta el punto de que no reparó en el peligro que corría. Más tarde iba a confesar que jamás se recuperó de la experiencia de escribir el libro. Lo que me gusta sobre la forma en la que se desarrolla la historia es que él empieza a entender lo que ha pasado después de que Perry le informa de que sus plegarias van a ser atendidas, de que han desestimado la última apelación. Pero antes del golpe de gracia, todo empieza a desmoronarse. Truman no se atreve a verlos, pero lo hace, tiene que hacerlo, y queda traumatizado por la experiencia de verlos morir.

DAN FUTTERMAN: Me gusta lo que has comentado del defecto trágico. Creo que es una de tus principales aportaciones, entre muchas otras, al guion como director. Conforme escribía la película, parecía que la iba viendo. Estaba dividida en dos partes. La primera parte finaliza con la llegada de Perry, y en ella Truman, icono de la sociedad neoyorquina, es el alma de la fiesta. La segunda parte empieza con la llegada de Perry, y esta vez todo da un giro de ciento ochenta grados para Truman. Desde el instante en el que coge el tren para dirigirse a Kansas, ves que Capote estaba predestinado a hacer ese viaje.

BENNETT MILLER: Eso es cierto.

DAN FUTTERMAN: Ha sido mérito tuyo, Bennett, inculcarnos a todos la importancia de envolver la película desde el principio en un halo trágico, algo a lo que tú seguiste contribuyendo con la música, el montaje y demás.

BENNETT MILLER: Yo creo que Truman estaría de acuerdo contigo en tu forma de ver la historia: le pasó algo y le cambió para siempre. ¿Conoces esa cita de Heráclito? Venía a decir algo como “tu integridad es tu destino”; yo también lo pienso. Para mí lo más desgarrador del libro de Gary Clarke es ese sentido de inevitable decadencia. Independientemente de su lucha y de sus éxitos, Truman estaba predestinado, de un modo u otro, a conseguir lo que perseguía y a destruirse. La idea central de “Plegarias atendidas”.

DAN FUTTERMAN: Exacto. Gary Clarke lo ve como un incidente, que Truman consiguiera todo lo que quería fue el comienzo de su declive. Eso es lo que más me intrigó de esta historia.

BENNETT MILLER: No mucho después de que se publicara “A sangre fría”, Truman intentó describir a un periodista su “intensa relación” con Perry, “ese tener que lidiar con su ‘total soledad’” y “la pena que sentía por él e incluso una especie de cariño”. Creo que fue sincero. Él y Perry, en el fondo, se parecían mucho, a pesar de las realidades externas. Truman entendía esa “total soledad”. Lo que Truman no le mencionó al periodista es que él quería que Perry muriera, que estaba deseando que lo ahorcaran, no es que no le diera pena, es que quería poder acabar el libro. Ese es el otro aspecto de “Plegarias atendidas” que Truman conocía.

© Sony / abc guionistas

16/02/2006 15:37:47